Todo lo romanticé. Quizá no fue imposible no hacerlo; simplemente no quise hacerlo de otra manera.
¿Me lo inventé todo? No. Solamente lo viví de mi lado.
Empezaste a tumbar mis murallas poquito a poquito. Esas que construí para no salir lastimada nunca más, porque siento mucho… y cuando todo termina, también duele mucho.
Me hiciste olvidar, por momentos, todo lo que había construido para no sufrir.
Esa caminata bajo la Luna, cerca de Venus, y descubrir después el significado que la gente le dio: un despertar de la sensibilidad y la ternura.
Tu mano en mi cintura y las mariposas que empezaban a asomarse.
Alargar los momentos juntos.
Los abrazos que traté de hacer durar un poquito más.
Mis pucheros para no llegar tan rápido a casa y seguir caminando… seguir disfrutando el momento.
Esos bailes juntos. Las risas, las vueltas, los abrazos.
Ese pedido inconsciente de un beso.
Esos besos inconscientes en mi mejilla mientras yo acariciaba tu carita.
Cruzarnos y mirarnos.
Tu sonrisa enorme al verme.
Tu ayuda. Porque contigo, por momentos, se me olvida que todo lo puedo sola.
Que vivamos casi cerca fue el plus perfecto para que te ofrecieras a caminar conmigo a casa. O esta ciudad es demasiado chica o fue el destino conspirando un poquito. Y como yo lo romantizo todo, prefiero creer firmemente que fue lo segundo.
Teniendo la mala memoria que tengo, me sorprende recordar tanto: cada momento, cada fecha, cada sensación.
Pero también recuerdo cada promesa sin cumplir. Cada pedido de salida, cada insinuación de hacer algo juntos que terminó quedándose solamente en eso.
Mi primera cita, sin siquiera haber empezado.
Me dicen que tenga paciencia. Pasito a pasito.
Pero ¿cómo ser paciente cuando siento que todo conspira para que finalmente se concrete? Esas salidas. Ese beso.
Aunque quizá esa sea otra de mis formas de romantizarlo todo.
Porque la Luna estaba ahí. Venus también. Las caminatas, los abrazos, los bailes, las risas y tu mano en mi cintura realmente sucedieron.
Lo que todavía no ha sucedido es todo lo que yo he soñado después.
Y ahí estoy otra vez: inventando un poquito, esperando otro poquito y soñando despierta.